8 de julio de 2015

Extraterrestres


Cuando llegué al montañés P., M. y D. tomaban cerveza y comían papas a la provenzal. No se sorprendieron al verme llegar pero cambiaron de tema abruptamente.

P. había avisado que no jugaba ni participada de la cena, se fue como vino, entre sombras.

Este último año el gobierno actual, frente a mi sorpresa y la anuencia de casi todos, polarizo conmigo permanentemente. Llegaron hasta cambiarme el nombre, me pusieron un nuevo apodo, que el grupo adoptó enseguida, el secretario R.G. tuvo la malicia de compartirlo con mi mujer, que lo encontró de lo más gracioso, de hecho fue la primera vez en 24 años de relación de pareja que algo que comenta R.G. ella lo encuentra gracioso.

En síntesis para muestra vale un botón, me hicieron pelota.

Pero pasan otras cosas en nuestro basket, cosa que nadie quiere ver.

D. y R.G. se sentaron juntos en la cena post-partido, R.G. estaba emocionado, acababa de recibir un aplauso muy conmovedor de todo El Montañés, conocidos, desconocidos, mozos, cocineros, personal de limpieza, vejestorios timberos, todos. Hasta al más duro de nosotros se sensibilizó con la calidez de semejante gesto. El secretario había pasado una mañana muy difícil, expuesto por sus inadmisibles errores, por el poco apoyo de su líder político y estaba al tanto, obviamente, de la reunión convocada por P. antes del partido. El pobre estaba mal. En ese momento, en ese estado de vulnerabilidad absoluta y soledad R.G. fue abordado por D. con el asunto de los marcianos.

En la mesa estábamos dispuestos, de derecha a izquierda, así:
Yo
L.A.
D.
R.G.
M.
M.S.
C.
M.C.A.

L. se fue rápido, D. y R.G. armaron dupla, y M.C.A., muy expansivo, lideraba el trío a mi izquierda compuesto por M., M.S. y C. Yo quedé bollando.

D. y R.G. hablaban de extraterrestres, los dos afirmaban que creían que existían pero que era imposible que alguien los hubiera visto. R.G. todavía emocionado, y lloraba de a ratos, contaba como se había peleado con su familia porque nueve de diez en una reunión navideña decían que habían visto extraterrestres.

D. todo lo que hacía mientras R.G. le hablaba era reírse, comer más rabas que el resto y darle la razón a cuanta pelotudez R.G. dijera. Y todo frase la encabeza con un "Yo como neurólogo..."

"Yo como neurólogo creo que los extraterrestres existen pero todo aquel que diga que vio uno es un mentiroso"
"Yo como neurólogo siempre digo que todo el que dice que vio un ovni es un pobre idiota"
"Yo como neurólogo...."

R.G. lloraba pero iba recuperando la autoestima a cada "yo como neurólogo" que D. decía.

Pasando la mitad de la cena R.G. estaba insoportable, todo era risas y comentarios sarcásticos a cualquiera que pensará diferente a él.

Lo aplausos (pienso ahora ¿espontáneos?) y D. consiguieron en menos de dos horas darle a R.G. un agrande imposible de soportar.

Un peligro.

M.C.A. en otro sector de la mesa, se esforzaba por que alguien le diera bola, pero R.G. estaba decidido consciente o no de que iba a ser la estrella de noche. D. guardaba silencio, la mecha estaba encendida, su parte del plan cumplida a la perfección.

Son épocas raras, la continuidad del basket pende de un hilo. Hay gente del pasado apalancada en figuras nuevas que están cocinando algo oscuro y con mal olor.

Para cerrar la noche, nos enteramos  por un ex-secretario que la próxima fecha es el 5 de agosto, ¿R.G. cree que esa tarea ya no es digna de su persona? ¿está para cosas más grandes? ¿perdió el norte? ¿se agrandó?

No soy neurólogo pero la noche fría empieza a bajar sobre nosotros, espero de corazón que no sea larga.


15 de abril de 2015

Mi taxista, un tenista y yo.












El basket se está despidiendo, se nos escurre entre los dedos, en gran parte por culpa de esta comisión.

Quizás debamos volver al fútbol 5, es más para nosotros. Es un deporte deforme que bajo el disfraz de divertimento social, de encuentro de amigos o de aislados desafíos, nos enfrenta a un grupo de ya viejos chotos con la más patética versión de nosotros mismos.

No digo que sólo lo juguemos varones de cuarenta, pero noto que cuando un grupo que cumple esa condición lo hace, el evento adquiere su pico más alto de horribilidad, por lo tanto define y representa a la actividad en sí misma.

Se suele decir “Messi es el fútbol”, me baso en el mismo parámetro.

Hace unos años, de noche, después de jugar y perder malamente un desafío contra los ex compañeros de colegio de la mujer de un amigo, caminaba por Nuñez buscando un taxi.

Encontrarlo no fue una buena cosa.

Nunca me gustó elegir el taxi en el que voy a viajar. No me gusta. No me gusta evaluar su apariencia, ni si fuma el chofer o no fuma, si es radio taxi o un auto semi destruído deseoso de secuestrarme.

El taxi que elegí esa noche en Nuñez hubiera sido descartado por cualquier sommelier de taxis más o menos sensato.

El chofer, un viejo desparramado en su asiento, envuelto en humo, humedad, abandono y olor a perdida me ayudó a abrir la puerta de su Renault.

Le di la dirección de casa, me miró por el espejo y con el movimiento de sus ojos, azules y acuosos, me dio a entender que la información había sido recibida correctamente.

Los ambientes, el espacio que comparto con el resto de las personas siempre me afecta enormemente y no puedo resistirme. A los segundos de compartir viaje, me fundí y tomé como mío todo lo que ese taxi implicaba.

La depresión, el encierro, la mugre, las oportunidades desperdiciadas, la injusticia y la marginalidad que le atribuí se me pegaron por todos lados.

Éramos una sola cosa y viajábamos como podíamos para casa.

Doblando por Congreso, pegados a la vía, mi taxista hizo una maniobra que sintetizaba su desprecio por nuestra existencia encerrando a una lustrosa 4x4, pasándole finito y ubicándose delante suyo, rezagando al tanque lujoso y obligándolo a maniobrar de acuerdo a nuestra voluntad.

Yo estaba entregado a la experiencia, no medí riesgos, no me asusté, tampoco imaginé que el conductor de la 4x4 iba a verse tan afectado en su autoestima de macho argentino como para empezar a perseguirnos como un demente.

Una persecución berreta y con interrupciones por las calles adoquinadas de Nuñez hacia Belgrano. Con insultos y amenazas pero respetuosa de los semáforos. Por mi parte mantuve el silencio, no le pedí nada a mi taxista, no me importaba, iba adormilado por el rancio perfume de la humedad, preocupado apenas por el asma que empezaba a hacer su gloriosa aparición en mis pulmones, respondiendo al llamado de los ácaros del entorno.

Finalmente nos interceptó, se cruzó y derrapó virílmente, como en Swat o en Sheriff Lobo. El conductor se bajó y encaró al viejo para destruirlo.

Era un fino tenista, prolijo, canchero, musculoso, cuarenta años mejor llevados que los míos. Si hubiera estado viajando con él no me sentiría tan sucio ni tan asmático, si probablemente más lindo, más garca y más proclive a vengarme de la ofensa del viejo taxista.

El tenista se asomó a la ventana abierta del taxi y empezó a golpear violentamente al tachero que no se defendía para nada, o eso parecía.

La lluvia de puños, saliva e insultos logró finalmente sacarme de mi parálisis.

Intervine.

Desde el asiento de atrás me puse entre el viejo y el tenista, devolviendo las trompadas que el taxista no daba. Me sorprendieron los pinchazos y la sangre.

Lo que no sabíamos, ni el tenista ni yo, era que el viejo tenía una punta oxidada, una navajita con la que sistemáticamente y con prolijidad fue transformando en colador al cancherísimo conductor de la 4x4, yo fui solamente daño colateral del accionar guerrillero.

Llegó la policía. La sorpresa y la sangre hace rato habían suspendido la pelea.

Al tenista se lo llevó una ambulancia, la cárcel fue el destino de ese monstruo de dos cabezas que éramos mi taxista y yo.

Pensándolo bien, lo del basket no es tan mala idea.

25 de febrero de 2015

Mirta



Es necesario que existan personas que asuman roles incómodos. Personas que nos interpelen. Que rompan con el status quo. 

El sentido común de los pueblos es eso que termina, en último caso, dominándolos.


Lo correcto, lo que se espera, lo que está bien, como contraposición de lo raro, lo deforme, lo marginal.


Nosotros, esta pequeña muestra que somos, este micro-espectáculo que damos un miércoles por mes, no es la excepción a la regla.

Hay dos equipos, y en esos dos equipos personas que cargan o llevan, asumen una etiqueta, algo que los caracteriza y que tranquiliza al resto mientras aceita los engranajes de una relación que lleva años funcionando.

Cada uno espera del otro algo que inevitablemente pasa y que nos da seguridad.


Estará el que con sus codos nos lastime, el que haga trampa, el que corra sin sentido como un demente, el calentón, el que tiene anécdotas, el piedra, el mentiroso, el meticuloso, el pajero, el degenerado, el gordo, el pelado, así es, así deberá seguir siendo.


El sentido común nos dice que sino queremos tener problemas, sino queremos sufrir, sino queremos morir, hay que respetar a raja tabla esos roles, esos lugares.


Es como con las armas, hay gente que está preparada para usarla y gente que no.

A mi no me gustan las armas. Mis miedos no tienen nada que ver con cosas de las que las armas puedan protegerme. La virilidad que representan o la adrenalina de dispararlas juegan en ligas diferentes a la de mis gustos y placeres.
Después está el tema filosófico, la razón menos importante, en una vida tan corta como la nuestra esas construcciones intelectuales acerca de los porque si o porque no, me parecen una perdida de tiempo, y sin embargo son las argumentaciones que más uso. En ese sentido puedo decir que no me gustan las armas porque son aparatos ideados para matar. Con sus arandelas, sus compartimientos metálicos, sus botones, sus seguros, gatillos y trabas, sus bellísimas formas y su masculinidad, tienen un fin y ese fin es la horrible búsqueda de descolgar a otro ser de ese hilo ¿invisible? que le permite interactuar con el resto de las cosas de este mundo: su vida.


Todo eso me pasa con las armas y sin embargo una de las cosas más peculiares que viví está relacionada directamente con su uso.

¿Por qué? por tonto, por salirme del camino, por portarme como un idiota. Todo esto pasó un fin de semana largo, que es justamente donde pasan casi todas las idioteces de este mundo.
Un fin de semana largo en el campo del novio de una amiga de mi mujer al que nunca quise ni debí ir.

Los detalles no tienen ninguna importancia, pero para ser justo tengo que aclarar que hasta el lunes a las tres de la tarde del fin de semana largo que pasé en el campo del novio de una amiga de mi mujer, todo estuvo bastante bien. Con las debida cuota de hipocresía y mentiras, cancherismo y anécdotas falsas que tuve que poner en juego para subsistir en un grupo de personas que claramente representan mi kriptónita. Soy bueno para eso, para encajar, porque mi apuesta es por el género humano en su totalidad, y cuando veo un tipo que es todo lo contrario a lo que me cae bien, también veo, como en pantalla partida, el componente orgánico que tenemos en común. Ojos, manos, piernas, uñas, el amor por el fútbol y la inevitabilidad de la muerte.

Bueno, no me quiero distraer mucho del verdadero motivo del relato. A las tres de la tarde y en pleno post asado de cierre del fin de semana y con mucho vino encima, salió el tema “rifle”.

El dueño del campo habló durante 45 minutos sobre el rifle que había heredado de su padre y el de su abuelo y el de su bisabuelo y así hasta llegar a la importancia que había tenido el rifle en la conquista del desierto y que los indios y bla bla bla. Yo tenía puesta música funcional adentro de mi cabeza desde que el flaco empezó con lo de la escopeta, no escuché con atención nada de su perorata, pero, y juro que no se porque, seguramente producto de la desinhibición y el embotamiento del alcohol dije: “Como objeto el rifle me parece anticuado y afeminado, y no lo digo por tu bisabuelo y su cacería de indios, prefiero toda la vida un revolver como el que usan los canas”.

Por esas cosas extrañas de la vida, imaginen que la película se corta y me ven a mi con este grupo de cuatro homosapiens, novios de las amigas de mi mujer, en un bosquecito bastante alejado del lugar donde habíamos estado comiendo el asado.

Podría relatarles sin mucha precisión que, oh casualidad, también había un revólver en el campo. Que algo apostamos, que yo acusé al del rifle de no se que cosa y que el otro me dijo que yo tenía cara de no haber usado nunca un revólver en la vida, que yo le contesté que iba todos los fines de semana al Tiro Federal con mi viejo, y toda una caterva de mentiras que los espantarían.

Vuelvo al bosquecito.

Piensen en un tipo como yo, con un pistolón negro, lustroso y cargado. Al lado mío el dueño del campo, tataranieto fascista de Juan Manuel de Rosas, o el prócer más poronga que se quieran imaginar, con una escopeta antiquísima en los brazos y apuntando a unas latas a 30 metros de distancia, con los ojos como bolas de fuego, presto a limpiar el buen nombre de la familia que el tonto de mi había mancillado.

Preparen, apunten y manga de borrachos: disparen.

De mi arma no salió absolutamente nada, no se bien porque, o si, la verdad es que no tenía la menor idea como sacar seguros, apretar los botones o lo que sea que habría que haber hecho. Pero el verdadero espanto le pasó a mi anfitrión. El rifle, como en los dibujitos, disparó para atrás, no digo que se allá inflado porque alguien puso un corcho, pero algo así pasó y el tiro señores, o la explosión de lo que debió ser el tiro, salió por la culata!!!!

No fue un drama absoluto pero el buen “patricio” necesito la debida internación hospitalaria y unas cuantas semanas de curas y apósitos.

Juramos, sin embargo, no contar nada de los pormenores a las "chicas", porque aún con nuestras diferencias nos unía el temor al despotismo femenino.

Eso si, nunca más nos invitaron a ningún lado, mi mujer cada vez que surge el tema me comenta que no se imagina porque.

Así que ya saben, el Dumey es Gorila.



3 de diciembre de 2014


Esto no está pasando.

¿Para que me invitan a jugar?, parece joda. Treinta minutos del segundo tiempo y cuatro pases. Encima de esos cuatro, tres me los dió el boludo de Esteban porque se avivó cuenta que me estaba calentando. No vuelvo más, este fue el último partido, torneo de mierda, equipo de mierda. ¿Qué hace este boludo?, dale, dale, dale. ¡Tiralo, tiraaa,que estoy sólo! Ah no, no te puedo creer, ¿me está jodiendo? cuarenta metros corrí y este infeliz no lo tira, ¡Estoy solo la concha de tu vieja! Se va al carajo. juego para mi, está es mía, las bolas te la doy. Mierda, se me va larga, no llego, no llego, se fue. ¡Corner! Si la toca él juez. Ma si cobrá lo que quieras. ¿Este caradura me putea? ¿Se me va larga y me putea? Qué paralítico, ni un pase en todo el partido, agarré una nada más que vino de él solamente por que le rebotó en la rodilla. Se va a la mierda, me voy ahora. Cambio, che cambio, sí cambio. Me voy a la mierda.



5 de noviembre de 2014

El Secretario



Tradicionalmente, se llama secretario o secretaria a la persona encargada de supervisar los asuntos, sobre todo aquellos que requerían confidencialidad, de personas de cierto poder, como monarcas, papas, presidentes, abogados, Mauro etc.

Se creen sagaces, tienen tácticas, se dan cuenta si les roban la toalla y quien se las roba.

Apuestan naranjas.

Este significado todavía se da en varios países del mundo anglosajón o latinoamericano con los cargos políticos de secretario de estado o con el significado de «ministro» de un departamento importante de gobierno, como home secretary, foreign secretary, etc. Asimismo, muchas organizaciones grandes tienen como máximo cargo administrativo o de gestión, como secretario general. Por otra parte, dependiendo del tipo de organización para la cual trabajan, pueden o no compartir las tareas del auxiliar administrativo, una profesión orientada a realizar actividades básicas de oficina.

Sus funciones principales están relacionadas con el trabajo de oficina, como pueden ser:
  1. Recepción de documentos.
  2. Elegir la comida, pollo generalmente, al champingon, a la vizcaína o al roquefort.
  3. Atender llamadas telefónicas.
  4. Trabajar en la política de Racing.
  5. Ser arquitectos.
  6. Ser frágiles físicamente.
  7. Atender visitas.
  8. Archivo de documentos.
  9. Cálculos elementales.
  10. Reírse tontamente todo el tiempo sin razón.
  11. Informar sobre todo lo referente al departamento del que depende.
  12. Estar al día de la tramitación de expedientes.
  13. Tener actualizada la agenda, tanto telefónica como de direcciones, y de reuniones.
  14. Poseer conocimiento de los departamentos de las Administraciones Públicas con los que esté más relacionada la sección de que dependa.
  15. Asimismo, tener conocimiento del manejo de maquinaria de oficina, desde calculadoras hasta fotocopiadoras, pasando porordenadores personales y los programas informáticos que conllevan.
  16. Amplios conocimientos en protocolo institucional y empresarial.
  17. En definitiva, la figura de la persona profesional del secretariado(a) es como gestora del tiempo del directivo con el que colabora, para que éste no deba preocuparse más que en la toma de decisiones que beneficien el progreso de la compañía.

1 de Octubre de 2014

Con estos afiches anónimos apareció empapelado "El Montañés" el jueves por la mañana. 
Desde este espacio repudiamos esta clase de misivas claramente destituyentes pero no podemos de dejar de expresar nuestra profunda preocupación por los ánimos caldeados que la comisión actual favorece con sus dichos y acciones.




3 de Septiembre de 2014

Ganar terreno, hacerlo tuyo y venderlo cuando se te indica.




Y ganaron los locales.
Formaron Matias, Enrico, Lucas, Porta y el Negro. 
La alineación Gorilas fue Mario, Nacho V., el Uruguayo, el Negro y yo. 
Mauro lo vio desde afuera y el Gallo con un timing prodigioso, quizás por primera vez en su vida (probablemente impuesto) llego después (nunca llegó) y fue clave en el resultado.

¿Por qué ganaron Los Locales?

Hipótesis 1.
Jugó el Negro para ellos.

Hipótesis 2.
Jugó el Negro para nosotros.

Hipótesis 3.
No llegó nunca el gallo.

Hipótesis 4.
No jugó Mauro.

Hipótesis 5.
No jugó Mauro.

Hipótesis 6.
Se definió un tiempo de juego de 50'.

Hipótesis 7.
Lo perdieron los Gorilas por que atacaron mal.

Hipótesis 8.
Lo ganaron los Locales por que defendieron bien.

Hipótesis 9.
Enrico acostó a la comisión.


Fue un partido de pocos puntos, de pocas polémicas y de pocos minutos. Pero quedó un run run dando vueltas en el aire, un noni nono, la sensación de una cama más grande que la de Orión a Bianchi.

Es sabido que la Comisión directiva no goza del beneplácito del pueblo. No parecería ser casualidad que el día que no juega el presidente y no viene a ver el partido el secretario su equipo gané. ¿Qué pasó? No se sabe. Lo que si trascendió fue que Paposa estuvo detrás de todo.

¿Por qué no jugó Mauro? ¿Por qué no quiso comer? ¿Qué pasó que el Gallo llegó tarde? ¿Por qué el menú volvió a ser de Milanesa Napolitana? ¿Qué se quedaron tramando Jenri y el Uruguayo después del partido? ¿Hace cuánto Luqui no se quedaba a cenar? ¿Es el gallo el chistoso de su grupos de amigos de la facultad? ¿Quién asesora a Lucas en sus inversiones inmobiliarias? ¿Por qué es irritante saber que Ramiro come asados en el terreno de Mauro? ¿Quién manda porongas en mensajitos de texto a otras personas? ¿Por qué no se le hizo el correspondiente juicio públic que correspondía al Negro Lancelotti? ¿Quiénes firmaron este pacto de Olivos "sui Generis"?

Nunca en la historia del Basket de Miércoles hubo tantas incógnitas. Todos somos sospechosos. Nadie se salva. Y no es para nada claro quien es quien de cada lado de la brecha.








6 de agosto de 2014

Malos hábitos

Tengo malos hábitos. Vicios aburridos. Cerveza, vino y papas fritas. No hay rock en mi vida, deberíamos charlar largo para definir la palabra droga, y con respecto al sexo, bueno soy reservado, monógamo desde los diecisiete años les dejo a ustedes ponerme el título que quieran.

Cumplí como casi todos ustedes 40 años, me siento espantosamente viejo y sigo almorzando más de una vez a la semana un paquete de Lays. Es probable que me muera por eso.

No tengo la menor idea de como ejercer mi paternidad y mi bondi familiar está entrando como bólido y sin previo aviso en la adolescencia de mi hija mayor.

Sistemáticamente cada vez que alcanzo cierta humildísima y de cabotaje notoriedad pública, a partir de los dibujos, los libros o el diseño, escriben mi nombre mal. Voy llevando la cuenta. Así fui presentado:

Esteban Romero
Esteban Serrado
Gustavo Serrano
Sebastián Serrano
Emiliano Serrano

No es la idea de la crónica pero les adjunto dos de los ejemplos más resonantes para que no me traten de mentiroso:









Y como frutilla: el deterioro físico. El mío, que es el que me importa y el de ustedes como espejo de mi propia decadencia.

Nos veo tan viejos, tan pelados, tetones, panzones, cascarrabias, irritables, babosos, flojos, lastimados, rotos, culones, quejosos, pollerudos.

Habrá excepciones, perdónenme si no las noto.

Hasta el uruguayo, nuestra estrella, nuestra esperanza, nuestra coca cola en el desierto de la juventud eterna, está cada día que pasa, más venido a menos.

¿Qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a quedar cruzados de brazos? Llegamos a la curva de la vida, a la mitad de la carrera.

No somos señores, ni hombre de bien. No maduramos. Cambiaron nuestros cuerpos y nuestras obligaciones. Nuestros defectos se acentuaron y nuestras virtudes se volvieron chistosas.

Estoy preocupado por nosotros. Les dejo la inquietud.

Los quiero mucho

Esteban






4 de junio de 2014

Se suspendió la audiencia.

Hay diferentes personas, cada quien con su manera de cagar. Los hay mauros, gonchis, paposas, o gallardos. Unos no se aguantan y cuando reciben el llamado tienen un tiempito corto para llegar al baño, no mucho más. A todos les parece mal gritarle a las mujeres en público, sobre el privado las opiniones cambian. Puertas adentro, cada quien es cada cual como decía, creo, una canción de Serrat. 7 personas a la mesa, 5 toman café, de esos 5, 2 negros, 3 cortados. 2 hubieran tomado 1 cerveza más, 1 quería postre. Milanesas ¿napolitanas? si Napolitanas tan aburridos no somos. 3 contra 4, Gorilas contra Locales, los que son 3 juegan todo el tiempo, los que son 4 van rotando, los 3 se cansan pero los 4 no terminan de acostumbrarse a una formación que ya la tienen que cambiar, después está el tema de cuando la cambian, si es en una pausa, si es en cualquier momento, se puede discutir. 21:30 terminamos, eso se pauta más o menos a las 21:20, los 3 están fundidos, pierden y no quieren perder por más, no quiero perder por más, pero después las cosas se dan vuelta. Los 4 podían, los 3 no creían pero era tanto lo que podían los 4 que los 3 que no creían que podían, pudieron. Se suspendió la audiencia, la próxima vez lleguen puntuales, cliente y testigo, el abogado que se caga no quiere ser el abogado que se cagó en tribunales. Algunos tienen sus horarios, y no les gusta que se sepa, otros sus lugares. Hay de los que tocan la puerta y están los que prefieren más intimidad. No hay rabas, hay cantímpalo, chocolates y caramelos azucarados, 7 comen cantímpalo, 7 comen chocolate, ¿sobra 1? 6 comen caramelos azucarados, 1 no, 1 de los 6 come 2 por el 1 que no comió su 1.
Mauro le metió 1 gol de gancho en la cara del Gonchi, dice el Gonchi, Mauro le dice 2, Gonchi se arrepiente de haberse referido a la situación. Si te desabrochás el cinturón tenés más tiempo, por un lado, por otro acelerás todo, las opiniones se dividen. Si se separa 1, ella se queda con la casa, el con los suegros. Las nenas lo ven y no lo reconocen, ¿eso es malo? Dicen que no, que le da más tiempo para leer el diario. Cronista en la semana, La Nación los fines de semanas. Si chocas con una roca te duelen las costillas al otro día, pero la roca no debería decirse a si mismo roca, la roca no habla ni se queda a comer. Si se pelea da unas vueltas y se toma un helado, si lo rajan de la casa quizás no se entere, escucha al Dr. Nelsón Castro a la mañana pero prefiere Victor Hugo, lo que si hace es llegar en su bicicleta, pedir la comida para todos y como buen piedra, no hablo de roca, los ve perder cada vez que llega. Eramos 7, fuimos 8, después 7, 3 nos fuimos por el Puente, 2 al pool y al wiskey y 2 en auto. Los 7 tenemos horas diferentes para despertarnos.


12 de marzo de 2014

¿Dónde se guardan los barcos?




















No me acuerdo como era de chico. En realidad me acuerdo muy pocas cosas de antes de sexto grado. Si me vienen a la memoria imágenes aisladas, pero no se si son recuerdos propios o cosas que me fueron contando ustedes.

Mauro dice que me pasa eso por que no tenía amigos y el era el único que me daba bola. Es probable. Se por ejemplo que era tronco jugando al fútbol por que Mauro se lo dijo a Nacho Velasco y Nacho Velasco me lo dijo a mi y después todos le fueron a decir cosas a Mauro. Pero tampoco es una anécdota que yo recuerde, si soy muy consciente de Mauro contándomela.

Sin embargo el otro día en la sesión semanal de EMDR (http://es.wikipedia.org/wiki/Desensibilizaci%C3%B3n_y_reprocesamiento_por_movimientos_oculares) vi esos recuerdos hechos cosas, vi ropa, vi como estaban vestidos, mochilas, zapatos, delantales, disfraces de los actos y todas esas cosas del colegio.

Vi nítidamente a muchos de nosotros, pero me preocupó no verme. Una tontería que entendí después, uno no se ve nunca, uno no se ve por que es el que mira.

Es mucho más fácil acordarse lo que pasó hace un momento, incluso hacer una crónica sobre eso. Mejor, más sano, más de buena gente que ponerse a aventurar como fue la vida de tal personaje, si su padre es millonario, si trabaja o no trabaja, como si importará, como si la memoria o una certeza o un prejuicio sobre algo nos dieran autoridad para jorobar sobre cualquier cosa. Me arrepiento de eso.

Bueno, decía que es más fácil hacer una crónica de ayer, de hace poco, no hace falta recurrir a la estimulación lateral del cerebro para eso. Entonces me acuerdo cosas y las escribo. Me acuerdo que las rabas fueron pocas pero que no me quedé con hambre. Me acuerdo que Lucas compró un paquete misterioso y enorme, que no podía ser comida, y si era, era muchísima y para varias personas.

Me acuerdo que Jenri se fue a bañar “por primera vez primero”, como se fue Mario aquella ves en medias pero con un enojo diferente. Lo veo nítidamente a Jorge guardarse la pelota, ¿por qué lo hacía? ¿la adrenalina de hacer el mal le generaba un placer ineludible?, una de las veces hasta pidió perdón mientras lo hacía sin soltar el esférico.

Mauro desapareció en un momento, o se distrajo con el partido de la cancha de al lado o se fue a acomodar las lentes. Fue un partido de gente que se iba.

Nacho Velasco se rompió, el Negro se comió la comida de los demás, Mario llevaba el marcador y el Uruguayo estaba tan concentrado como siempre o más, tanto que no se si notaron que no jugó con ropa de gimnasia, estaba vestido de calle, de salir. Austero como el Pepe Mujica.

El bueno del Gallo que ya esta altura es como un wedding planner pero del Basket, supera en lo auto referencial a cualquier comisión del pasado.

Me acuerdo del Gonchi que fue un durísimo marcador, mañero, tramposo, ni gorila, ni local pero más presente que nunca. Matías metió 5 triples pero estaba más preocupado por el precio de las propiedades.

Cuando tenga 60 no me voy a acordar de nada de todo esto, pero voy a tener el blog, y seguramente le comenté a Mauro algo y me va a decir que eso es por que no tenía amigos y que el era el único que me daba bola.